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La ciudad de El Alto, ubicada en el altiplano paceño, con población altamente joven y crecientes índices de pobreza, en permanente conflicto social por diferentes demandas no satisfechas, cuenta con la presencia de las obras sociales de la Iglesia Católica dirigida fundamentalmente a los sectores más desfavorecidos.
En este contexto, la Fundación Sembrando Esperanza presenta los siguientes indicadores recogidos del último Censo 2001, que resaltan la importancia de la intervención de los laicos comprometidos con su gente.
En el ámbito poblacional, estimaciones técnicas y censos distritales efectuadas por instituciones privadas y organizaciones sociales de El Alto, sostienen que la población supero en mucho el millón de habitantes, cuando las proyecciones del INE al 2011 plantean solo 960, 767, donde hay coincidencia es que del total de habitantes, el 49,47% son varones y 50,53% mujeres, que en su mayoría provienen del área rural, centros mineros y otros departamentos, que se asentaron en los 10 distritos urbanos, y se dedican fundamentalmente al comercio informal y la construcción.
El Municipio de El Alto es una de las urbes de mayor crecimiento en Bolivia, 5.82 % cuando el promedio nacional es tan solo del 1.5%, lo que predice que para las próximas gestiones se crearán nuevos asentamientos, que no van acorde en relación a los servicios básicos de agua potable, alcantarillado, electricidad y gas domiciliario, que repercute en las condiciones de vida de los alteños.
La mayor cantidad de población, son gente joven, que representa el 70%, de los cuales 82,9% se encuentran en edad escolar, donde el 62% concluyó el nivel primario, y apenas el 28% logra culminar el ciclo secundario y el 10% termina algún tipo de estudio superior, que en su mayoría son varones, quedando las mujeres desplazadas del sector educativo.
De la población en edad de trabajar, el 50,1% corresponde a la Población Económicamente Activa (PEA) y el 49,9% a la Población Económicamente Inactiva (PEI), donde más del 80% se dedica al comercio informal y la construcción siendo parte del subempleo, ya que no cuentan con beneficios sociales y aportes para su jubilación.
La cobertura de servicios básicos es preocupante, pues el 52% tiene agua potable a domicilio, el 55% cuenta con energía eléctrica y apenas el 35% con alcantarillado sanitario. Estos factores responden a la falta de planificación del territorio y el costo elevado para acceder a los mismos.
En el ámbito de salud, apenas el 51% recibe asistencia médica que en muchos casos pertenece al seguro al cual aporta mensualmente, el restante 49% recibe atención de enfermeras, parteras, farmacéutica o recurre a medicina natural, lo que incrementa los niveles de mortalidad por la improvisación en la atención de salud.
De acuerdo a los datos presentados, el 45% se encuentra en el umbral de la pobreza, el 20% en pobreza moderada, el 25% en la marginalidad y un 10% en la indigencia. Esta realidad vigente hace que se presenten demandas sociales a las autoridades locales que no pueden responder a la magnitud de las mismas, de las cuales se desprenden movilizaciones, bloqueos y otras medidas de presión que generan ingobernabilidad.
Ante esta situación, la misión social de la Iglesia es contribuir en la construcción de una sociedad más equitativa y justa, que tenga como centralidad al ser humano en una convivencia pacífica con su entorno y el medio ambiente.